viernes, 22 de julio de 2011

Segunda Vida. Mi amiga Hortensia dice...

Mi amiga Hortensia dice que existen familias endogámicas, y que ella conoció una.

Quizá por las circunstancias, siempre de un lado para otro, por toda la geografía española y, en muchos casos, teniendo que proteger su propia seguridad, la madre se propuso hacer de su propia familia, su propio sustento afectivo, no es que no tuviesen otras relaciones, las tenían, y muchas, pero todas ellas eran consideradas temporales, y sobre todo prescindibles, por eso crió a sus tres hijas para que fuesen más que hermanas, fuesen amigas, amigas íntimas y buscasen la ayuda, el consuelo, el apoyo y la confianza más que en ninguna otra persona, entre ellas. Lo hizo como lo hacen las madres, con la mejor de las intenciones, pensando que así las protegía más ante un entorno, a veces, muy hostil, encerrándolas en una bonita, confortable, preciosa y llena de amor jaula de oro, bajo un control estricto, aquel que sólo pueden detentar las personas carismáticas.
Pero, de oro o no, jaula al fin y al cabo, y una jaula no te deja volar libremente, ni desarrollarte como persona, ni hacer locuras cuando es el momento, ni madurar. Todo esto lo haces constreñido entre los barrotes, inacabado, incompleto.

Todas se casaron y tuvieron hijos, y todas, creo, notaron la ausencia de algo más, algo les faltaba y algo buscaban.
La mayor de las hermanas era una versión debilitada de la madre, controladora al máximo, bajo una apariencia extrovertida, vivaz y alegre, se escondía una persona asustada y depresiva, las jaulas no permiten desarrollar los músculos al máximo.

La mediana, siempre quiso decir no, pero confundió asertividad con traición, y buscó una alternativa, dijo no a su manera, evadiéndose en su mundo, siendo fantasiosa, perdiéndose en él cuando la convenía. Hizo suyo el lema “Vive y deja vivir” en su más amplia versión, incluso más allá de los límites razonables, por lo que nunca puso límites a nadie, ni a sus hijos que crecían torcidos y a los que no enderezó porque contravenía su lema.

Y la pequeña, simplemente, no creció, pasó a ser prisionera de otra jaula, menos confortable o con menos amor, en la que su carcelero le repetía cada día, cada minuto lo poco que valía, lo poco que era sin él.

Pero el pegamento que las unía era demasiado fuerte, su madre, ahora enferma, necesitaba más que nunca que fuesen una piña.

Yo la vi irse, y vi el pánico, no de desaparecer, sino de dejarles, ahora sin ella estarían perdidos y desorientados, y efectivamente así fue. Todos pensamos que tras la elaboración del duelo y de asimilar la pérdida, volverían, no sin mucha fuerza de voluntad, a tomar el control de sus vidas, lo que no sabíamos es que no tenían control de sus vidas y no sabían lo que querían ser.

Ya antes de la pérdida, las hermanas sí habían encontrado otra Segunda Vida, una virtual, un juego en el que puedes ser lo que quieras, creas tu propia vida, vas a fiestas, tienes amistades, aventuras, peleas, tienes una profesión, ganas dinero. Cada una en su ordenador, vivían su segunda vida, a veces juntas y otras separadas, libres, por fin, siendo lo que nunca se atrevieron, dando rienda suelta a todas sus fantasías, y además no violaban ninguna regla de la jaula de oro.

Y cuando la brújula se perdió y el pegamento se cuarteó y se secó, aquella familia empezó a desmoronarse por los cuatro costados.

El viudo que, conscientemente, había renunciado a ser él mismo para entregarse a ella, a disfrutar de lo poco que le quedaba, ya no sabía encontrarse, sí encontró a la peor compañera de viaje que puedes buscar, la copa, y ahí sigue, haciendo eses, zigzagueante, siempre.

La pequeña se liberó definitivamente de sus ataduras, pero como lo hacen las personas que no han crecido, huyendo hacia adelante, sin asumir los problemas, sin plantarles cara, sin tomar el control de su vida, escondiendo la cabeza, y resolviendo la situación de manera chapucera para acallar la conciencia y poder irse a kilómetros de su casa, de sus hijos, de su padre y…de sus hermanas.

Pero, vuelvo a repetir, el pegamento era demasiado fuerte, lo que has mamado desde la tierna infancia no puedes dejarlo a un lado sin más, y las tres se buscaban, y rompieron todos los lazos con esas amigas reales, con las relaciones que siempre fueron para ellas temporales y prescindibles, porque querían volver a ser ellas tres de nuevo, aún en la distancia. Entonces qué mejor que en la Segunda Vida.

En su mundo virtual no tengo cabida, en el real he dejado de buscarlas, simplemente, porque ellas no quieren que yo las encuentre.

7 comentarios:

  1. Ser valiente y salir de la jaula cuando aún puedes hacerlo es difícil, pero hay que hacerlo. Decir que no, sin herir, es necesario, romper ese cordón, vivir tu vida, ... es en esencia, vivir, por ti misma. A algunas nos ha costado, a algunas aun nos cuesta a veces...

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  2. Hortensia,,, que profundo, la verdad,, que profundo. Qué difícil es ser padre/madre verdad ? Crees que haces todo lo mejor,,, y no siempre es lo adecuado. Pero lo que si es cierto es que tenemos que cultivar el valor de la familia. Si en la crisis que vivimos no hubiera existido este valor,,, cuanta gente más estaría en la calle durmiendo??
    Voy a pensar mucho en este post,,, tengo que aprender ya que soy madre,,, Besos

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  3. ¡Qué miedo da esa sobreprotección extrema que a veces damos las madres! No eres consciente de todo el poder que tienes y de lo que marcas la vida de tus hijos para siempre... ¡Y nadie tiene el libro de instrucciones para acertar!

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  4. Me ha encantado este post! aunque un poco triste, es una historia muy conmovedora y reflexiva al mismo tiempo.
    Me ha encantado leerla y me ha dado que pensar..
    Gracias Hortensia por contar estas historias tan emotivas y apasionantes.

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  5. El libro de instrucciones a mí se me perdió el mismo día que tuve a mis hijos, y no lo he vuelto a encontrar nunca. Desde entonces he hecho lo que la razón, el conocimiento, el sentido común, los consejos paternos y todo lo contrario me han dicho, es decir algunas cosas bien y otras tan rematadamente mal que espero que no sean irreversibles. Lo que he tenido es el privilegio de tener unos padres que han preferido morderse la lengua y apretar los dientes y dejar que cometiera mis propios errores, ahora sé lo mucho que cuesta éso.

    Gracias papá y mamá.

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  6. Creo que todas las madres y todos los padres tienen la obligación de proteger a sus hij@s y al mismo tiempo la obligación de hacerles volar su propia vida sin ataduras y creando poco a poco lo que será en un futuro un hij@ independiente. También tengo que reconocer que encontrar el equilibrio es difícil pero no imposible :)
    Saludos a tod@s des de @evacatocc !
    Eva Teixidor

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  7. Qué bonito y duro a la vez!!! mi ex marido procede de una familia basada en estos principios y uno de los peores recuerdos que tengo es cuando me quedé embarazada de mi primera hija y le comenté a mi entonces suegra que mi objetivo era que mis hijos fueran autosufientes en la vida porque creía que eso les iba a dar una buena base para ser felices. Os podéis imaginar la respuesta...a día de hoy ella sigue con sus principios y yo con los míos....ya veremos el resultado.

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